Federico
Bangerter vino a la América
del Sur, después de completar su instrucción en Schoenenwerd, el gran
centro manufacturero de calzado de Suiza.
Joven aún, demostró su capacidad y
sus grandes condiciones como hombre de negocios al servicio de la firma
mundial Bally, y muy pronto se familiarizó con los nuevos problemas del
ramo.
Rápidamente, el joven Federico
Bangerter se dio cuenta de la importancia siempre creciente y las
ilimitadas posibilidades de la cuenca del Plata, que ya entonces era
considerada el principal centro exportador de píeles del mundo.
Se daban aquí las condiciones
ideales para fundar una curtiembre propia, una empresa que tendría que
ser organizada y estructurada desde sus más modestos comienzos. Esa
idea sedujo a Federico Bangerter y, anticipando espiritualmente las
alegrías y las penurias de ¡os años siguientes, dirigió sus miradas
con firme ánimo, tenacidad y perseverancia a la empresa que habría de
crear.
Puesto ante la alternativa de iniciar
sus actividades en la Argentina o en el Uruguay, Federico Bangerter dio
preferencia a este último pequeño país, que en tantos aspectos puede
ser comparado con Suiza, su patria.
En este país se le presentó
desde el principio y como misión primordial, no sólo la tarea de
trabajar a favor del consumo nacional, sino también el importante
cometido de abrir las puertas que conducen al mundo y de estructurar un
negocio de índole internacional.
Activo, laborioso, incansable, Don
Federico Bangerter, con su vasta experiencia comercial, dirigió los
negocios de la firma con mano segura y amplio y generoso sentido para
todo progreso y perfeccionamiento.
A pesar de su fallecimiento inesperado
y repentino , le fue permitido vivir la gran satisfacción, de ver
premiadas su labor y dedicación con una obra duradera y floreciente.
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