PIEL DE CONEJO


Este animal que hoy se cría  familiarmente o se explota a nivel comercial en el mundo con diversos fines, es descendiente directo del Conejo Silvestre. Numerosas publicaciones lo dan como originario de España, desde donde se extendió al resto de Europa, existiendo en el país mencionado lugares donde se le caza deportivamente.

A lo largo del tiempo fue sufriendo modificaciones, de acuerdo a las leyes que rigen la evolución de los seres vivientes y contrariamente a lo que algunos dicen, que esta evolución lo hizo adquirir las particularidades morfológicas que lo caracterizan en la actualidad, sólo a través del trabajo del hombre se lograron esas particularidades. Es a fines del siglo pasado XIX, y fundamentalmente a principios del XX, donde la mano del hombre comienza a tomar las cualidades en uno y otro animal para obtener lo que en la actualidad estamos viendo.

El trabajo de estos iniciadores, dio posibilidad a que actualmente de un mismo género y espacio se obtuviesen razas con diversos fines de utilidad. Todo esto ha dado como resultado, que hoy podamos disponer de razas que se explotan, ya sea para la producción de carne, piel, pelo o con doble propósito.

Muchos años atrás las pieles de los conejos valían muy poco, pero la persecución que han padecido durante tanto tiempo los animales de magnificas pieles (llevando a una considerable reducción numérica de su especie), ha concientizado de su posible extinción y por lo tanto se ha protegido a los mismos, provocando que las pieles de conejo sean mejor pagas. Las pieles de gran tamaño, aún cuando sean de raza común y todas las de raza gigante alcanzan mayor precio. No sólo se paga la cantidad sino la calidad. En igualdad de tamaño se obtiene más dinero por una que tenga mucho pelo, largo y sedoso que por otra que lo presente escaso, corto y áspero.

CONSERVACIÓN DE LOS PIELES

Los cuidados que la conservación exige no son muchos ni difíciles. Ante todo debe evitarse que en ellas se marquen una o más arrugas profundas, porque por esas empiezan a averiarse las pieles. Existen varios medios de evitar semejante daño:

  1. Embutir dentro de la piel paja bien seca y larga de cereales, o virutas menudas o papel cortado en tiras delgadas. Es preciso que el relleno se realice a conciencia, y así la piel aparecerá lisa por completo y se presentará tersa y sin el menor pliegue.

  2. Introducir en la piel, cuando está tierna, una varilla de madera flexible, que se dobla en forma de U, con la parte encorvada hacia el interior y los extremos sobresaliendo al exterior. Se puede sustituir la varilla por un alambre grueso o por unas piezas que se venden en ferreterías y que  están construidas a propósito para el tendido de las pieles.

Estos métodos son buenos, pero el preferible es el de las varillas, pues los alambres a los mejor se oxidan, otros hacen demasiada presión o se deforman y como consecuencia, hay que sustituirlos.

Con haber tomado la precaución de evitar las arrugas no ha terminado el trabajo que requiere -trabajo bien poco complicado- la conservación de las pieles.

para que estas no se echen a perder, son necesarias otras precauciones, que aseguren el buen estado de la mercancía y su buen aspecto.

CONSERVACIÓN Y SECADO

Para conseguir que la piel se conserve durante unos meses y eliminar todo riesgo de avería, es conveniente, y poco menos que necesario, en primer término, quitar de la piel las partículas de carne o grasa que hayan podido quedar adheridas al cuero. Con tal fin, tan pronto como esté tersa, se impregnará la piel de un polvo secante y absorbente que al propio tiempo sea un antipútrido enérgico. Se puede emplear al efecto polvo de carbón vegetal, pimienta, talco o aserrín muy fino de madera.

Para que la piel pueda impregnarse como se desea de esa sustancia preservadora, se procede poniendo en el fondo de una caja una capa de ese polvo, sobre el que se coloca la piel de manera que la parte del pelo sea la que esté en contacto con el antipútrido. Después se extiende otra capa sobra la o las pieles -según la capacidad de la caja-, y así sucesivamente hasta que el recipiente está lleno y todas las pieles en contacto con el polvo.

Cuando ya el secado por este procedimiento es completo, se saca las pieles de la caja y con un cuchillo de filo embotado se procede a desprender del cuero las piltrafillas que quedaron en él y que el secado ha empezado a desprender. Esta simple operación procura mejor aspecto a la piel. Y se completa ese adecentamiento con la mano ligeramente untada de aceite o vaselina.

 


<<<Regresar a Pieles Exóticas>>>

  info@cueronet.com
Puede enviarnos cualquier mensaje o sugerencia

Copyright © Cueronet.com
Reservados todos los derechos.